
LILIANA PORTER
Almost There
PARÍS
SOLO SHOW
17.05.2025-14.06.2025
1. TEXTO DE LA EXPOSICIÓN
Almost There recorre cinco décadas de la producción artística de Liliana Porter, desde sus primeros experimentos conceptuales en la década de 1970 hasta sus instalaciones más recientes. Es también un retrato íntimo de una artista que, al llegar a Nueva York desde Buenos Aires a los 22 años, encontró no solo una ciudad vibrante, sino también un laboratorio técnico y emocional que transformaría profundamente su manera de ver el mundo. Sus primeras obras de grabado —realizadas en el Pratt Graphic Art Center en condiciones inimaginables en Argentina en aquel entonces— marcan el inicio de una investigación conceptual sobre la creación de imágenes. Esa experiencia inicial —que ella describió como «una fiesta» llena de planchas impecables, papel de alta calidad y maquinaria sofisticada— la impulsó a subvertir las reglas del grabado tradicional: arrugar la matriz, superponer errores, fotografiar los errores y extender la imagen a otras disciplinas.
En este contexto surgieron sus primeros collages, que aquí se presentan por primera vez. Estas obras ya articulan ideas clave que darían forma a su práctica: la tensión entre lo real y lo representado, la imagen como agente activo y la posibilidad de una narrativa no lineal. Este periodo fundacional revela una raíz conceptual que nos ayuda a comprender cómo se desarrollan sus obras posteriores.
Con el tiempo, la práctica artística de Porter adquirió un carácter más explícitamente político, cada vez más influenciada por las realidades sociales, económicas y culturales de Latinoamérica. Al mismo tiempo, su descubrimiento del surrealismo —y de Magritte en particular— despertó en ella un impulso poético que recorre toda su obra: la idea de que un objeto puede trascender su propia naturaleza al ser situado en un contexto diferente. Lo absurdo, lo metafísico y lo lúdico emergen no como evasiones de la realidad, sino como portales hacia el pensamiento crítico y la resistencia.
LEER MÁS
La exposición abarca este arco, desde sus grabados experimentales y su trabajo con el New York Graphic Workshop (cofundado con Luis Camnitzer y José Guillermo Castillo), hasta sus instalaciones a gran escala más recientes, en las que el humor y el juego nos transportan a una especie de animismo arraigado en la infancia. A lo largo de la muestra, encontramos figuritas en miniatura realizando tareas absurdamente monumentales de su serie Trabajo forzado: una diminuta tejedora trabajando en una tela descomunal; un pintor en miniatura intentando cubrir una pared descomunal; un jardinero solitario cuidando un jardín de flores caótico hecho de platos y tazas rotas. Estas escenas frágiles, tiernas y trágicas funcionan como parábolas contemporáneas: meditaciones sobre el exceso de trabajo, la vulnerabilidad de la existencia frente a un mundo ingobernable. Casi allí, la pieza que da título a la exposición, condensa muchas de estas tensiones. Un elenco diverso de personajes —trabajadores de plástico, iconos religiosos, objetos de supermercado— miran todos hacia el mismo punto, como si esperaran algo. Es una escena de esperanza colectiva, de rumbo compartido, pero también de incertidumbre y vulnerabilidad. En la obra del artista, la escala se convierte en un lenguaje en sí mismo, mientras que el foco se desplaza de lo humano al objeto, de lo visible a lo implícito, de lo formal a lo político. El humor se transforma en método, el absurdo en una forma de crítica y el juego en una herramienta para la reflexión.








