
MATEO LÓPEZ
Desdoblar el tiempo
BOGOTÁ
SOLO SHOW
18.04-04.07.2026
1. TEXTO DE LA EXPOSICIÓN
La práctica de Mateo López (Bogotá, 1978) surge de una reflexión persistente y un retorno constante a la idea del tiempo y nuestra experiencia del mismo. No el tiempo medido por el calendario o el reloj, sino el tiempo como una experiencia no lineal revelada a través de materiales, gestos y formas. En Desdoblar el tiempo, su exposición individual más reciente en Colombia, López reúne obras de diferentes etapas de su producción en un espacio simultáneo donde las piezas se articulan entre sí. El título deriva de la obra Bandera de Guerra (Desdoblar el tiempo) (2017), que registra la bandera de la Campaña Liberadora en el momento de su plegado. En este gesto ceremonial, López llama la atención sobre cómo la tela se convierte en abstracción geométrica: planos de color que aparecen y desaparecen con el movimiento. A partir de esto, la exposición se fundamenta en la idea del plegado y la transformación material.
La obra de Mateo López es una acumulación de notas a la espera de reaparecer. En el estudio, recompone, a través de diferentes medios, los fragmentos recopilados —palabras, bocetos, objetos, ideas y materiales— cuyos orígenes e historias, tanto materiales como emocionales, conforman la base fundamental de su producción: ideas que se repiten pero se manifiestan de distintas maneras. Las obras que componen Desdoblar el tiempo trazan un recorrido por los medios que el artista utiliza. Enraizadas en el dibujo y la escultura, sus piezas responden a procesos que tienen lugar en el estudio: el dibujo bidimensional que se convierte en objeto, el objeto que se convierte en animación y la animación que se convierte en acción. El resultado es un conjunto de obras multimedia con un fuerte énfasis en la materialidad.
La selección de materiales se fundamenta en la curiosidad por sus orígenes y las anécdotas que encierran los objetos. La materialidad aquí no refleja simplemente una preferencia estética; habla de territorio, historia y el encuentro entre la materia prima y el proceso que la resignifica. Las obras también presentan tensiones entre lo industrial y lo artesanal, acercándose al arte a través de la creación de objetos y lo que se desarrolla en el taller. En consecuencia, la exposición adopta una paleta terrenal —pigmentos naturales, materiales nobles— que, al mismo tiempo, constituye una postura. Una postura que reconoce que en Colombia, la naturaleza difícilmente puede reducirse a la mera contemplación: el territorio es también disputa, memoria y recurso. Lo que en otros contextos podría interpretarse como una elección poética —una afinidad con la tierra, sus colores y texturas— aquí adquiere una dimensión inevitablemente política.
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Esta preocupación por la materialidad coexiste con una mirada atenta a la historia del arte, una mirada que no es reverencial sino más bien apropiadora: un gesto de antropofagia cultural que se pregunta cómo se produce el arte en Europa y Estados Unidos, y qué sucede cuando se observa desde Latinoamérica, desde Colombia. López no ignora las narrativas canónicas; más bien, las desubica, las traslada a un territorio diferente y las somete a una pregunta distinta. Así, la historia del arte no funciona en su obra como un marco de legitimación, sino simplemente como otro material: algo que puede desmantelarse, recontextualizarse y entablar un diálogo con las historias inherentes a los objetos y superficies que habita.